La figura en el bloque: 1890-1900

Vue de l'exposition Rodin, La Chair, Le Marbre
© Musée Rodin

Repleto de encargos, Rodin multiplica su producción de mármoles transponiendo numerosos temas procedentes de sus investigaciones para La Porte de l'Enfer [La Puerta del Infierno] (Fugit amor). La dimensión de las obras aumenta mientras se va incrementando el aspecto del non finito, como efecto plástico y estético (Rose Beuret, La Pensée [El Pensamiento]). Con L'Aurore [La Aurora], Rodin experimenta el tratamiento del rostro a la sombre de un fuerte saliente de materia bruta, sin referente iconográfico. “Parece que Vd. sabe que hay una figura en el bloque, y que se limita a romper alrededor la ganga que nos la oculta”, decía Camille Mauclair (1918). Este efecto, tal y como lo practica, también es una forma de negar cualquier voluntad ilusionista y mimética valorizando el material, apoyándose en el contraste, y acentuando el aspecto simbolista de algunas obras (L'Amour emportant ses voiles [El Amor llevándose sus velos], Le Baiser du fantôme à la jeune fille [El Beso del fantasma a la muchacha]). Le Baiser [El Beso] constituye un desafío, que su fama oculta ahora en parte, debido la osadía del gesto amoroso, la desnudez llevada a esta escala y la ausencia del pretexto narrativo o mitológico. El atrevimiento en la expresión del deseo se vuelve a encontrar en los abrazos (Le Péché [El Pecado]) o los juegos eróticos (Jeux de nymphes [Juegos de ninfas]), temas raros, ya que el mármol tiene fama de ser demasiado serio, y costoso, para temas libertinos, reservados a los “pequeños bronces”. El artista no desprecia un cierto virtuosismo; L'Illusion, soeur d'Icare [La ilusión, hermana de Ícaro] ou les Bénédictions [Benedicciones] desafían las leyes de la gravedad por su aparente desequilibrio, mientras que sus tendencias pictorialistas se expresan en obras como La Terre et la lune [La Tierra y la Luna].