Rodin, la luz de la Antigüedad

From November 19 to February 16

“El arte de la Antigüedad significa felicidad de vivir, quietud, equilibrio, razón” — Auguste Rodin, 1911

La Antigüedad atraviesa la vida de Rodin, desde los años de juventud hasta su muerte, como una lección, iluminando constantemente su obra con un nuevo enfoque. En primer lugar objeto de copia y, posteriormente, en la sombra de Miguel Ángel, la Antigüedad acaba por encarnar la parte luminosa y feliz de su obra de escultor y se convierte en el símbolo de la naturaleza y de la vida, que pretendía captar en su escultura y en su dibujo. Rodin admiró con creciente fervor los modelos de la Antigüedad que aparecieron de forma cada vez más sutil, casi invisible, en sus investigaciones de los últimos años. Su felicidad consistió entonces en vivir en la Villa des Brillants, en Meudon, y posteriormente en el palacete Biron, rodeado por una colección de más de seis mil obras de la Antigüedad. Compró a anticuarios parisinos, entre 1893 y 1917, centenares de fragmentos griegos, helenísticos, etruscos o romanos, en mármol y en bronce, así como jarrones y otras figurinas en barro cocido.

Hacia El Caminante o la investigación en torno al cuerpo masculino

Fue mirando algunos modelos famosos de la Antigüedad y del Renacimiento que Rodin exploró la representación del cuerpo masculino. En el museo imaginario del artista, el escultor griego Fidias rivaliza con Miguel Ángel. Rodin utiliza primero la composición de la Antigüedad Torse du Belvédère [Torso del Belvedere] para realizar su estatua el Penseur [El pensador]. También se aprende la lección del fragmento, tan fuerte y completo como la figura entera, que ilustra en sus obras parciales, el Torse de l'Étude de Saint Jean-Baptiste [Torso del Estudio para San Juan Bautista] y posteriormente L'Homme qui marche [El Caminante].

“Aquí tenemos estatuas estropeadas, halladas en ruinas; y porque están incompletas, ya no son obras maestras”, escribió el artista en 1907. Esta visión del cuerpo en su aspecto inacabado aparece bajo la forma de múltiples fragmentos de pies, brazos y piernas, que conforman la colección de antigüedades del escultor.

El Nacimiento de Venus o la expresión de la figura femenina

A partir de la década de 1890, Rodin trabaja en el resurgimiento de su nueva Venus, mediante varias representaciones femeninas, todas captadas en el taller, a partir del modelo vivo. Pero el escultor no ignora nada de los modelos de la Antigüedad. Tras inspirarse del tipo de la Venus en cuclillas, que impregna sus figuras femeninas de la década de 1880, se orienta hacia la Venus de Milo que impone su presencia, en filigrana, en las décadas de 1890-1900, mediante la Méditation [Meditación] y posteriormente la Muse Whistler [Musa de Whistler]. La Vénus d’Esquelin [Venus del Esquilino] de la Antigüedad, encarna la búsqueda de plenitud que encontramos en las obras tardías del artista, como Aphrodite [Afrodita], el Torse de jeune femme cambrée [Torso de mujer joven arqueado] o la Prière [Oración]. De forma paralela, Rodin reúne cerca de nada menos que un centenar de fragmentos de Venus romanas, que constituyen un amplio repertorio de formas y de drapeados.

El arte de las metamorfosis, “Flores en un jarrón”

A partir de los años 1895, Rodin practica el montaje de jarrones antiguos de su colección, con sus propias figuras en yeso. El objeto del pasado cambia de estatuto para confundirse con la obra, ambos reunidos en un mismo espacio temporal. El material antiguo en barro cocido o su reproducción en yeso, recibe en su forma figuras de Rodin ya existentes, en mayoría procedentes de la Porte de l'Enfer [Puerta del Infierno], como “flores en un jarrón” (Según la expresión de Rainer Maria Rilke). Estas maquetas, luego se pueden traducir en mármol o en bronce. Alrededor de un jarrón de Canosa, que Rodin admira en el museo del Louvre, están expuestos jarrones antiguos de su propia colección, en los que la figura humana entra en la composición del jarrón y sirve de asa, de panza, de continente o de soporte, como en los montajes del artista.

El arte de las metamorfosis, lo híbrido

Rodin es un asiduo lector de la literatura de la Antigüedad, en particular de Ovidio y de Apuleyo. De ella procede en primer lugar el propio espíritu de sus esculturas, nacidas bajo el signo de la metamorfosis, también llamadas “montajes”. Reinterpreta, cada vez con mayor libertad y distancia, los relatos de la Antigüedad: “La mitología también solo existe como custodia de los sufrimientos eternos, de las alegrías eternas que han de volver a ser creadas, cada vez, por el artista...” El escultor se apasiona por lo extraño del fragmento antiguo, cuyas roturas son creadoras de “monstruos”, igual que la mitología de lo híbrido que recorre tanto su obra como su colección.

El dibujo de Rodin y el arte de la Antigüedad

El dibujo es en primer lugar, para el joven Rodin el medio de la copia más o menos fiel, de las estatuas más famosas de la Antigüedad. El museo del Louvre o las encuadernaciones de grabados de la Biblioteca imperial son sus primeras fuentes de inspiración. A partir de su viaje a Italia, durante el invierno de 1875-1876, ante las obras maestras de Miguel Ángel y de la Antigüedad, su trazo se vuelve más libre, respecto al sujeto. En los dibujos más tardíos, poco antes de 1900, la Antigüedad ya no es un tema en sí mismo, sino que reaparece, bajo la forma de anotaciones de carácter mitológico, para cualificar la actitud de un personaje, captado a partir del modelo vivo, en el secreto del taller. Sus modelos semidrapeados, así como el erotismo de las figuras, hacen una vez más referencia al arte de la Antigüedad.

En el sentimiento de la Antigüedad

Es en el arte del retrato - arte del fragmento por excelencia - que Rodin comunica con el mayor vigor su relación con la Antigüedad. La propia naturaleza de su modelo le inspira los sentimientos de interioridad, de repliegue sobre sí mismo y de meditación que atribuye al arte grecorromano. A partir del retrato de Mrs. Marianna Russell, cuyo carácter antiguo le sorprendió, Rodin deriva hacia versiones mitológicas, realzadas con atributos iconográficos, Pallas au Parthénon [Palas en el Partenón] o Bacchus indien [Baco indio]. La cabeza de Minerve sans casque [Minerva sin casco], por fin liberada de cualquier accesorio, aparece, en espejo con la Tête Warren [Cabeza Warren], como un fragmento antiguo. Los graves retratos romanos de la colección del escultor interrogan a posteriori las investigaciones del artista sobre uno de sus primeros bustos, L'Homme au nez cassé [El Hombre de la nariz rota].