Vincent Van Gogh (1853 -1890)

El Padre Tanguy

1887

Óleo sobre lienzo

Alt. 92 cm ; Anch. 75 cm

P.7302

Tras dejar atrás su Brabante natal y dejar de lado su primera vocación religiosa, Van Gogh se une a su hermano Théo en París, en marzo de 1886. Aquí es dónde conoce a uno de los personajes más interesantes del círculo artístico parisino de los años 1880-1890, el que sus amigos pintores llaman con afecto "el padre Tanguy". Julien-François Tanguy (1825-1894) tiene una pequeña tienda de pinturas, calle Clauzel, y acepta con frecuencia cuadros a cambio de sus mercancías.

 

Van Gogh realiza tres retratos del Padre Tanguy por el que tiene una efusiva amistad. En éste cuadro, del que el marchante nunca querrá desprenderse, los colores puros, el uso del contraste de los complementarios, las pinceladas visibles y orientadas, el espacio llano, son cuantos elementos de un lenguaje neo-impresionista que el pintor utiliza libremente. Elige representar al hombre mayor en una posición estrictamente frontal, inmóvil, las manos cruzadas encima del estómago, los ojos perdidos en un sueño, y logra comunicar toda la bondad y la modestia del personaje. Van Gogh rinde homenaje al ”triturador de colores” que convierte en una especie de viejo sabio japonés, colocándolo sobre un fondo completamente saturado de unas innumerables estampas japonesas de colores intensos que el pintor colecciona, junto con su hermano Théo.

 

Desde 1887, Rodin también puede admirar las estampas japonesas en casa de Edmond de Goncourt. Reúne a su vez una colección personal de estampas, comparable a las de Monet y de Van Gogh. ¿Adquiere, en 1894, este relevante cuadro Rodin debido al afán compartido por el arte japonés? Sea cual fuera la razón, el escultor demuestra en varias ocasiones su admiración por Vincent Van Gogh, del que compra dos otros lienzos importantes y en el que ve ”un admirable demoledor de fórmulas académicas, (que) también tuvo el genio de la luz” (Rodin, 1909).

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